Mensaje de Año Nuevo 2020 del presidente de La Católica, Dr. Jorge Iván Vélez Arocho.

En nuestro Mensaje de Navidad les propuse, inspirado por el papa Francisco, a contemplar el misterio de la Encarnación representado en las imágenes del Belén… del pesebre.  Al iniciar este Año Nuevo 2020 les propongo que retomemos la propuesta de Jesús, Hijo de Dios, que se hizo parte de nuestra historia. Volvamos a contemplar “como si allí estuviéramos”, como nos dice san Ignacio en los Ejercicios Espirituales, qué sucedió en Belén. El papa Francisco en su Carta Apostólica Signo Admirable nos dice que la representación del Belén “nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales”. Hoy nos encontramos con un mundo convulse, en guerra en muchos lugares. Y nuestra historia de la salvación se desdobla en este contexto tan actual. Recordemos que en Belén nació el Príncipe de la Paz,  quien nos invita a ser constructores de la paz que tanto anhelamos.

Nos recuerda el papa que “Dios se hace hombre para aquellos que más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía. Jesús, «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29) nació pobre, llevó una vida sencilla para enseñarnos a comprender lo esencial y a vivir de ello. Desde el Belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad”.

Queridos hermanos y hermanas: El Belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia, y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad. Que en la escuela de san Francisco abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos.

Al iniciar este Nuevo Año, acojamos la invitación del Santo Padre “Todos nosotros bautizados, hijos de la Iglesia, estamos llamados a acoger siempre nuevamente la presencia de Dios en medio de nosotros y a ayudar a los otros a descubrirla, o a redescubrirla en el caso de que la hubieran olvidado. Se trata de una misión bellísima, similar a aquella de Juan Bautista: orientar la gente a Cristo – ¡no a nosotros mismos! – porque es Él la meta hacia la cual tiende el corazón del hombre cuando busca la alegría y la felicidad.”

En el 2020 comprometámonos a contemplar a Jesús presente en nuestra historia, a ser misioneros de la paz,  misioneros de la esperanza, “orando con perseverancia, dando siempre gracias a Dios, uniéndonos a las propuestas de su Espíritu, buscando el bien y evitando el mal”.  ¡Qué propuesta de vida para el 2019! Como insiste el Santo Padre manifestemos la ternura, consolemos al sufrido y testimoniemos el  “amor del Padre hacia todo ser humano”. ¡Feliz Nuevo Año 2020!

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