Columna del delegado para la Misión Insitucional, Jesús Quintana Rivera

En estos días, en los que la pantalla de tu celular o monitor se han vuelto la principal ventana de acceso al mundo,  recibes cientos de mensajes distintos de muchas partes.  Todos ellos, has de filtrarlos con prudencia y sabiduría, para que no te engañen.

 

Dicen “que hasta la Iglesia ha cerrado”.  Los templos,  los lugares habituales del culto comunitario, las grandes concentraciones de personas, y las actividades de peregrinación, formación u oración se han detenido.  Pero la Iglesia – el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios – formado por todos los bautizados sigue abierta; y yo diría: más abierta que nunca.  Son miles los sacerdotes, religiosos y laicos que han inundado las redes sociales con oraciones, reflexiones, transmisiones de la misa, momentos de adoración, canciones, vídeos, etc.  Las plataformas digitales se han vuelto el medio providencial para saber cómo está el hermano enfermo, adulto mayor, familiar y amigo.  La solidaridad se ha vuelto viral y,  si bien es cierto que el llamado es a #quédate en casa, el mensaje de Jesús se ha digitalizado: sus discípulos reciben de manos de sus pastores la predicación de la Palabra a través de las redes, y el mundo digital se ha convertido en la nueva tierra de Misión.

 

Dicen “que las universidades están desiertas”.  Pues, en tan solo un par de días, he visto como cientos de profesores han vuelto a ser estudiantes al adentrarse en el mundo de los cursos a distancia, las videoconferencias y el manejo del aula virtual.  Las voces en los pasillos y salas de reunión no se han detenido, sino que han puesto su morada en los chats y grupos de correo electrónico.  Miles de estudiantes están conectándose con sus profesores y entre ellos.  La inmensa mayoría asiste a clase de forma virtual, lee el material enviado, comenta, responde, dice presente.  Ningún curso se ha cancelado, ninguna gestión en beneficio del estudiantado se ha detenido.  Al contrario, en medio del aparente desierto que algunos señalan, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico es un exquisito oasis donde sigue vigente nuestra Misión de evangelizar a través de la educación, la investigación y el servicio.

 

No dejes que te engañen.  Conéctate.  No nos detenemos, no te detengas…

 

 

 

Jesús Quintana Rivera

Delegado para la Misión Institucional

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