El religioso reaccionó a la determinación del obispo de Mayagüez de proclamar el 23 de septiembre como día de la libertad.

 

A  continuación las expresiones del arzobispo de San Juan de Puerto Rico sobre determinación del obispo de Mayagüez proclamando el 23 de septiembre como día de la libertad patria en la diócesis de Mayagüez

El pasado 20 de septiembre del 2020, mi hermano en el episcopado, el Obispo Ángel Luis Ríos, Obispo de Mayagüez, emitió una comunicación inspirado en los sucesos del Grito de Lares, decretando que en la Diócesis de Mayagüez cada 23 de septiembre sea “día de fiesta, feriado libre, el día de la Libertad Patria”.
El periódico El Vocero de Puerto Rico se comunicó con la oficina de este servidor para unas posibles expresiones.
Primeramente, quisiera decir que, contrario a la impresión generalizada, cada Diócesis goza, en virtud del Derecho Canónico, de una personalidad jurídica propia – (373). En Puerto Rico existen seis Diócesis, cada una de ella con personalidad jurídica propia y con un gobierno propio; y corresponde al Obispo diocesano gobernar la Iglesia particular, es decir, la Diócesis que le está encomendada (391 § 1.).
En segundo lugar, quiero expresar, en mi carácter personal, mi solidaridad, respaldo y apoyo a mi hermano Obispo, Monseñor Ángel Luis Ríos. Su decreto refleja una sola cosa: su profundo amor por su patria y deseo de asegurar su existencia, su sobrevivencia, su paz y de que sea protagonista de su propia historia. Éste es un postulado que defiende la Doctrina Social de la Iglesia Católica al postular que:

“La paz se funda no sólo en el respeto de los derechos del hombre, sino también en el de los derechos de los pueblos, particularmente el derecho a la independencia.

Los derechos de las Naciones no son sino «los “derechos humanos” considerados a este específico nivel de la vida comunitaria ».329 La Nación tiene
«un derecho fundamental a la existencia»; a la «propia lengua y cultura, mediante las cuales un pueblo expresa y promueve su “soberanía” espiritual»; a
«modelar su vida según las propias tradiciones, excluyendo, naturalmente, toda violación de los derechos humanos fundamentales y, en particular, la opresión de las minorías»; a «construir el propio futuro proporcionando a las generaciones más jóvenes una educación adecuada».330 El orden internacional exige un equilibrio entre particularidad y universalidad, a cuya realización están llamadas todas las Naciones, para las cuales el primer deber sigue siendo el de vivir en paz, respeto y solidaridad con las demás Naciones (n. 157)”.

En tercer lugar, en cuanto al suceso del Grito de Lares, me entristece muchísimo que en vez de unificar a nuestro pueblo, éste sea un asunto que lo divida. Fue una importante expresión de este pueblo protestando el coloniaje español, la falta de derechos, la prohibición a un pueblo de ser el propio protagonista de su destino y un grito de independencia ante el dominio de la nación que colonizaba a nuestra Patria en el 1863. Sabemos que en nuestros tiempos, gracias a los progresos de la humanidad, hay nuevas formas pacíficas y democráticas para salir del coloniaje que tanto indigna a los pueblos.

Tan importante es este suceso, que un gobernador estadista, que fundó un partido político para luchar por la estadidad para Puerto Rico, y quien es considerado un prócer de nuestra patria, Don Luis A. Ferré, emitió una Orden Ejecutiva en 1969 (se adjunta), justo después del centenario del Grito de Lares, exhortando “anualmente a todo el pueblo puertorriqueño a rendir en esa fecha tributo de recordación, a la memoria de aquellos valerosos puertorriqueños que dieron su vida y participaron en la gloriosa gesta” del Grito de Lares. Para don Luis, el 23 de septiembre de 1868, “se puso de manifiesto el gran amor del pueblo puertorriqueño a los conceptos democráticos, al realizarse la hermosa gesta revolucionaria conocida como el Grito de Lares”. (Ibid)

Nuestra bandera, sus colores, nuestro idioma, nuestra identidad, nuestra fe cristiana y la propia celebración del Grito de Lares y nuestra lucha contra el coloniaje deben ser asuntos que nos unan y nunca deben utilizarse para dividirnos, para fraccionarnos como pueblo y diezmar nuestra voluntad. “Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie”. (Mt. 12, 25). Los puertorriqueños y puertorriqueñas no debemos permitir que aquello que nos debe unir, como la lucha contra el coloniaje nos asole y nos derribe como pueblo.

Exhorto a todos los boricuas a poner esta petición en sus oraciones suplicándole al Espíritu Santo que nos llene de su sabiduría en nuestro proceso de discernimiento.

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