Reflexión: La esperanza
Por: Jainiz Torres Becerra

Cada minuto, cada segundo y cada fragmento de la vida es tocado por la luz del amor. Muchas veces pensamos que para que exista el amor solo hay que recibirlo, y no es así. También hay que saber darlo, compartirlo con alegría, y convencidos de que aun cuando más difícil sea subir la cuesta, ese amor que vayamos dejando en el camino nos será devuelto como un regalo que apreciaremos infinitamente. Hemos estado durante todo este tiempo viviendo una experiencia personal día a día… Alejados de las fiestas, de largas horas fuera del hogar, de compras sin sentido, de amigos, de familia, de abrazos, de besos y de una grata compañía entre otros. Nos hemos encontrado internamente, y hemos chocado con una profunda soledad, porque nuestro corazón se alimentaba de los dioses del mundo: la avaricia, el poder, la soberbia, el orgullo, alejándonos de la realidad de nuestro alrededor.  ¿O acaso no queríamos verla? En adición, rodeados de tanto bullicio que no permite que escuchemos el grito de las voces, de la tristeza en las calles, del miedo, del hambre, de la injusticia, de la violencia, de la pobreza, de la muerte y de una pandemia que nos ha enfermado y que se ha vuelto más grande y grita más fuerte. En cada fragmento de nuestro día, en el trabajo, en la casa, en la gasolinera, en el semáforo, en el supermercado, en el médico, allí donde menos lo esperamos, allí está lo que verdaderamente llena el corazón y nos hace sentir vivos; somos todos hijos de Dios llamados por nuestro nombre a servir y a llevar un mensaje de esperanza. Hoy, nuestra cotidianidad pone a prueba nuestra capacidad para poder renovar en nuestro interior los más nobles sentimientos que, en ocasiones, se ven opacados cuando nos mantenemos de brazos cruzados. Algunas batallas son fuertes, y a veces nos sentimos a punto de ser derrotados… pero ahí, Dios estrecha nuestra mano y nos mira con ternura… Es cuando se da ese momento que renovamos fuerzas y nos levantamos para seguir en marcha llenos de esperanza. Todo lo que hemos experimentado y todo aquello que nos ha marcado para siempre, solo puede aliviarlo el amor. Porque el amor es la única fuerza que lo puede todo y para descubrirlo solo hay que mirar al mismo amor en su máxima expresión: Cristo. Al incrementar nuestra relación amorosa con Dios, florecemos con más fuerza y les damos una mirada distinta a los tiempos difíciles. Hagamos de nuestras vidas una ofrenda gratuita, signo de bondad, para con aquel que más lo necesita. Los invito a que fijemos nuestra mirada en las personas que nos rodean, que necesitan de nuestra ayuda, no tanto en lo material o en el propio placer de la vida, si no aquellas que, en su interior, se sientan solas y sin esperanza. Pongamos nuestros recursos humanos y espirituales para beneficiar con la armonía las relaciones interpersonales: la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración, la fraternidad, la atención a los pobres y el cuidado de la casa común, nuestro Planeta Tierra. Recordemos que tres cosas son esenciales para nuestro día a día: la fe, la esperanza y el amor. Siendo el AMOR la más importante. Hoy, en este concierto, por medio de la música, les regalamos a todos la esperanza de saber que, en cada corazón, en nuestro corazón, vive la oportunidad de juntos poder salir adelante. Aun así, entre sacrificios, esfuerzos, protocolos, hemos logrado traerles y regalarles un momento para desconectarnos y disfrutar, pero sobre todo escuchar. Ya luego vendrá el tiempo para construir de nuevo, para caminar y transformar con la fuerza que nos regala la esperanza.

Gracias… Dios los bendiga.

 

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