Misa de Inicio de Curso- 26 de enero de 2017

Muy queridos hermanos y hermanas,  el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de María Santísima del año 1990, san Juan Pablo II hizo pública la Constitución Apostólica sobre las  Universidades Católicas Ex Corde Ecclesiae.  Les propongo que al inicio de este semestre y a dos días de nuestra gran fiesta patronal, fiesta de santo Tomás de Aquino, patrono de las universidades católicas y patrono nuestro, veamos qué perfil nos propone este importante documento sobre la identidad y misión de nuestra Universidad. Ante las coyunturas sociales, políticas, poblacionales y económicas a las que nos enfrentamos es muy importante referirnos a este documento.

La universidad del encuentro, de la pluralidad y del diálogo: “La universidad católica, por el encuentro que establece entre la insondable riqueza del mensaje salvífico del Evangelio y la pluralidad e infinidad de campos del saber en los que la encarna, permite a la Iglesia establecer un diálogo de fecundidad incomparable con todos los hombres de cualquier cultura.”

La universidad del Evangelio fecundo: “El hombre, en efecto, vive una vida digna gracias a la cultura y, si encuentra su plenitud en Cristo, no hay duda de que el Evangelio, abarcándolo y renovándolo en todas sus dimensiones, es fecundo también para la cultura de la que el hombre mismo vive.”

La universidad de la búsqueda del significado: “Por otra, imponen ineludiblemente la necesaria correspondiente búsqueda del significado, con el fin de garantizar que los nuevos descubrimientos sean usados para el auténtico bien de cada persona y del conjunto de la sociedad humana. Si es responsabilidad de toda universidad buscar este significado, la universidad católica está llamada, de modo especial, a responder a esta exigencia.  Su inspiración cristiana le permite incluir en su búsqueda la dimensión moral, espiritual y religiosa, y valorar las conquistas de las ciencias y de la tecnología en la perspectiva total de la persona humana.”

La universidad custodia de la dignidad humana y cultural: “La universidad católica, en cuanto universidad, es una comunidad académica, que, de modo riguroso y crítico, contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural mediante la investigación, la enseñanza y los diversos servicios ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e internacionales”.

La universidad humana y kerigmática: “La universidad católica persigue sus propios objetivos también mediante el esfuerzo por formar una comunidad auténticamente humana, animada por el espíritu de Cristo. La fuente de su unidad deriva de su común consagración a la verdad, de la idéntica visión de la dignidad humana y, en último análisis, de la persona y del mensaje de Cristo que da a la institución su carácter distintivo”.

La universidad fiel: “De esta estrecha relación con la Iglesia derivan, como consecuencia, la fidelidad de la universidad, como institución, al mensaje cristiano y el reconocimiento y adhesión a la autoridad magisterial de la Iglesia en materias de fe y de moral. Los miembros católicos de la comunidad universitaria, a su vez, están también llamados a una fidelidad personal hacia la Iglesia, con todo lo que esto comporta”.

La universidad valiente: “Si es necesario, la universidad católica deberá tener la valentía de expresar verdades incómodas, verdades que no halaguen a la opinión pública, pero que son también necesarias para salvaguardar el bien auténtico de la sociedad”.

La universidad de la antropología cristiana: “Deberá darse una especial prioridad al examen y a la evaluación, desde el punto de vista cristiano, de los valores y normas dominantes en la sociedad y en la cultura modernas, y a la responsabilidad de comunicar a la sociedad de hoy aquellos principios éticos y religiosos que dan pleno significado a la vida humana. Es esta una ulterior contribución que la universidad puede dar al desarrollo de aquella auténtica antropología cristiana que tiene su origen en la persona de Cristo.  Esto  permite al dinamismo de la creación y de la redención influir sobre la realidad y sobre la justa solución de los problemas de la vida.

La universidad discípula misionera: “Según su propia naturaleza, toda universidad católica presta una importante ayuda a la Iglesia en su misión evangelizadora. Se trata de un vital testimonio de orden institucional de Cristo y de su mensaje, tan necesario e importante para las culturas impregnadas por el secularismo o allí donde Cristo y su mensaje no son todavía conocidos. Además, todas las actividades fundamentales de una universidad católica deberán vincularse y armonizarse con la misión evangelizadora de la Iglesia”.

Queridos hermanos,  hagamos de esta propuesta un estilo de vida con un fuerte compromiso personal e institucional. ¡Dios Padre nos envía, Jesús hermano camina junto a nosotros, y el Espíritu Santo nos anima! Respondamos generosamente para hacer realidad nuestra identidad y misión.

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