Columna de la autoría de Hesmy Sánchez Vega, epidemióloga y profesora de La Católica.

Nuevamente se adoptan medidas ante la evolución de COVID-19 en Puerto Rico, donde se supera el millar de propagaciones y se espera que aumenten exponencialmente. Puesto que desacelerar la propagación de COVID-19 depende de protocolos que eviten aglomeraciones, el contacto cercano entre individuos y la visita en lugares cerrados, estas medidas de control deben ser rigurosas en la práctica.

El aumento observado en el número de casos nuevos de COVID-19 por unidad de tiempo responde a la informalidad de protocolos establecidos en nuestro país como parte de un esfuerzo ciudadano y gubernamental. Un repunte de casos confirmados que sobrepasa los 455 casos indicados previo a la orden ejecutiva emitida anteriormente fue observado durante el mes de agosto.  Anterior a este mes, los casos fluctuaban entre 300 y 400. Durante estos meses, la tasa de transmisión del virus ha estado por encima de 1.0, indicando un crecimiento en la epidemia.  Posiblemente este crecimiento aumentará con el tiempo, en proporción con el tamaño de nuestra población. Para poner estos datos en perspectiva, una tasa de transmisión de 1.0 indica que la epidemia se mantiene porque, cada persona infectada, infecta a otra persona y cuando una persona se recupera o muere, otra la reemplaza. Un dato importante que debe considerarse es que de 78 municipios en Puerto Rico, 75 tienen un porcentaje de positividad mayor de 5.  Esto sugiere una alta transmisión comunitaria y la existencia de individuos infectados que no se han hecho la prueba confirmatoria.

Claramente, este nuevo virus se propaga fácilmente. El espectro de síntomas y efectos a la salud que causa está comenzando a categorizarse, pero va desde leve a severo, incluso causando la muerte en ciertos individuos. En Puerto Rico, las muertes se observan entre individuos que tienen 60 años o más. Sin embargo, este grupo de edad no representa el porcentaje mayor de casos. Considerando una transmisión comunitaria alta, individuos menores de 60 años, sospechosos o confirmados, son los que están transmitiendo activamente el virus porque no desarrollan síntomas lo suficientemente severos como para aislarse.

Estos datos poblacionales son cruciales para establecer proyecciones de la epidemia de COVID-19 en Puerto Rico.  Además, nos ayudan a entender cómo se comporta el virus.

Con los datos recogidos se esperaría observar que, para finales de agosto, habría más de 2,000 casos por semana.  Esto, considerando que a principios de agosto hemos observado 1,600 casos por semana. Asimismo, considerando las 31 muertes observadas a principios de agosto, esperaríamos, a finales de agosto, observar más de 100 muertes, con un promedio de 17 a 20 muertes diarias.

Nuestros datos muestran un problema de gran magnitud que puede disminuir siguiendo los protocolos de control establecidos en otros países que han tenido éxito controlando COVID-19. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido unas directrices que algunos países como Japón y Canadá han implementado para controlar la propagación del virus.  Nueva Zelanda ha establecido control en la frontera, detección rápida, aislamiento, rastreo de contactos y estrictas medidas de distanciamiento.  Estas medidas son extremadamente importantes cuando hay porcentajes de positividad altos como sucede ahora en Puerto Rico.  Seamos socialmente responsables, evitemos aglomeraciones, el contacto cercano entre individuos, las visitas a lugares cerrados y el salir de casa sin mascarilla. El gobierno tiene una responsabilidad en el control de esta pandemia, los ciudadanos también la tienen.

 

 

 

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