Mensaje Viernes Santo 2021 de padre obispo Rubén Antonio González Medina, cmf

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga Vida eterna.” Juan 3.16

En este Viernes Santo te invito a que te detengas un momento y fijes tu mirada en Jesús, clavado en la cruz. Que contemples al hombre Dios colgado del madero y descubras el amor misericordioso de nuestro Padre, que no dudó en entregarnos a su Hijo, para que, por él, con él y en él, obtengamos la verdadera vida.

Golpeado por tantas situaciones difíciles, nuestro mundo, que tanto amó Dios, en Jesucristo Crucificado ha sido abrazado por su amor misericordioso.

Es por eso, que gracias a las enseñanzas del Crucificado, experimentamos el perdón y la reconciliación que brotan de su costado, roto por amor.

Que el ejemplo del Crucificado nos motive y nos mueva a poner en práctica sus enseñanzas, porque cada vez que los seres humanos desarrollamos espacios de diálogo, visibilizamos la necesidad de la comunión. Cada vez que vivimos concretamente la caridad solidaria, dignificamos al prójimo. Cada vez que perdonamos de corazón, gestamos y construimos estructuras y puentes de reconciliación. Cada vez que defendemos los derechos humanos, reafirmamos la dignidad humana y la fraternidad universal.

Sí, gracias al Crucificado, en nuestro mundo seducido por el mal, pero abrazado por el amor misericordioso de nuestro Dios manifestado plenamente en Jesucristo, se construye y se hace presente el Reino de Dios.

Que, al contemplarlo clavado en la Cruz, resuenen con fuerza en nuestros corazones las palabras del evangelista Juan: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga Vida eterna” (Jn. 3, 16).

 

 

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