Corazones alegres de servir al prójimo

Pioneros participan de misión de verano en Chile

Padre Arnaldo Ortiz Dominicci, junto a los estudiantes Rafael Ortiz Pola, Rudy Nazario y Miguel Moreno, realizaron un viaje misionero a la comunidad Limachito en Chile apoyando la misión de la parroquia Santa Cruz en el santuario de las cuarenta horas.  Los misioneros Pioneros fueron invitados por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y a la misión también se unieron estudiantes de la Universidad Católica de Bolivia y de la Pontificia de Honduras.

“Del 10 al 18 de enero tuve la oportunidad, junto con cuatro estudiantes, de participar de la misión de verano en la comunidad de Limachito en Chile. Al recibir la invitación dije que sí inmediatamente porque era la oportunidad de proveerles a nuestros estudiantes una experiencia de crecimiento espiritual y de fe desde la universidad. Esa es nuestra misión como una Pontificia, proveerle a nuestros jóvenes un espacio de formación holística integral y, como dijo uno de ellos, esto es una forma de que lo que se aprende en las aulas realmente se manifieste en lo que vivimos día a día” explicó padre Arnaldo, quien es el capellán del recinto de Ponce de la PUCPR.

El sacerdote sostuvo, además, que durante la misión realizaron diversas labores con los niños, visitaron ancianos y enfermos y celebraron, por supuesto, la Santa Misa, creando espacios de rezo y oración.  “Para mí, como sacerdote, fue una experiencia muy especial, fue ponerme en manos de Dios, a vivir lo que el Señor quisiera de mí, a colaborar en lo que fuera y, ese acto de confianza en medio de mí, de mi debilidad en la providencia de Dios, sin duda alguna que fue una gracia de Dios. Y en esta misión tuve la oportunidad de estar más de cerca con los estudiantes jóvenes y lo hice con muchísimo gusto, de verdad. Al principio parecía que yo iba a dar algo y, realmente, de corazón debo decir que regresé enriquecido con esta gran experiencia” añadió.

Por su parte, Rafael Ortiz Pola, estudiante misionero, enfatizó las virtudes de esta experiencia, pero también reconoce que no es fácil enfrentarse a realidades que viven las personas de la comunidad. “Conocer Chile y a su gente es una experiencia de otro mundo. Pero obviamente no todo puede ser perfecto. Hay realidades que le pegan a uno y hay que estar mentalmente preparados.  Es una comunidad que la vive muy difícil todos los días; es una comunidad pobre, pero que aun así dan más de lo que tienen. Conocimos a una familia que nos recibieron con las manos abiertas, aunque ellos necesitaban más de nosotros que nosotros de ellos. Esto fue algo que me impactó. Nos llena el corazón, tanto de orgullo como de amor. Fue una acogida del corazón que requiere de respeto y requiere de mucho reconocimiento”.

Rudy Nazario relata su vivencia y la describe como gratificante por el amor que recibió de las familias, pero igual se impactó por las condiciones que viven, particularmente los adultos mayores. “Me impresionó ver cómo los ancianos viven solos y con recibir un mensaje o por nuestra visita, ellos se contentaban. Esa alegría con la que nos recibieron fue lo más bonito. En la misión aprendí que puedo vivir con lo poco que tengo” expresó.

Mientras, Miguel Moreno reconoció el impacto que esta experiencia tuvo en su vida y da por hecho que él no es la misma persona que partió de Puerto Rico.   “La experiencia universitaria se adentra muchísimo en los libros, en la teoría, en el cómo se supone que sean las cosas y luego de tener esta experiencia que te hace ver cómo son las cosas, el panorama cambia completamente. El Miguel que fue a Chile no es el mismo que volvió de Chile. El tener ese componente experiencial de vivir las cosas en el día a día de una comunidad que vive en una extrema pobreza, una comunidad que necesita muchísimas cosas físicamente y espiritualmente también, pues cambia la vida de cualquier persona que tenga una experiencia de misión. Aparte de ser una cosa que trasciende el aula, que trasciende la universidad, que trasciende el salón, culmina siendo esa tesis de todos esos principios sociológicos, filosóficos, legales que llevamos estudiando durante mucho tiempo. No es solamente lo que uno va a llevar allí, sino lo que uno puede recibir como enseñanza misionera” indicó.

Definitivamente, la misión de verano en Chile es un testimonio vivo de fe puesta en acción, donde el servicio al prójimo trascendió fronteras y aulas. Para estos Pioneros, la experiencia no solo fortaleció su compromiso cristiano, sino que reafirmó el amor al prójimo y la convicción de que servir transforma tanto a quien recibe como a quien se entrega.

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