Mensaje del gran canciller, Rubén Antonio González Medina, cmf en ocasión de la celebración de los 30 años del título de Pontificia

 

“Feliz el que alcanza sabiduría, el que adquiere inteligencia;

 es mejor mercancía que la plata, produce más renta que el oro

Proverbios 3.13-14

¡Alégrate! ¡Querida Comunidad Universitaria! Estamos de fiesta.

Cumplimos 30 años, de haber recibido el título de Universidad Pontificia. Fue el
25 de enero de 1991, en que la Santa Sede, a través de la Congregación para la Educación Católica, concedió este título a nuestra Institución de educación superior, reconociendo su tradición académica y su labor en nuestra sociedad puertorriqueña.

El título de Pontificia Universidad expresa: la vinculación estrecha que existe entre nuestra Institución y la Santa Sede, además, manifiesta la comunión con la Iglesia Universal.  No es un título honorífico que simplemente se añade a su identidad católica, sino más bien, acentúa su misión de iluminar el mundo desde la fe, en un diálogo profundo con la cultura, promoviendo la vida y la dignidad de la persona, cumpliendo así con la misión de enseñar que tiene la Iglesia.

Sí, la “Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico: celebra 30 años, formando líderes al servicio del evangelio” Una formación integral y de calidad anclada en 4 principios que el Papa Francisco nos recuerda en la Constitución Apostólica Veritatis Gaudium:

  1. La centralidad del anuncio de la buena nueva del Evangelio
  2. La promoción de una cultura de encuentro y diálogo
  3. La unidad – armoniosa y dinámica – de un saber interdisciplinario
  4. La creación de redes que faciliten el trabajo colaborativo, la unidad y la fraternidad.

Nuestra Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico está comprometida en la formación de líderes; de agentes capaces de transformar la realidad según las claves que nos presenta el Evangelio.

Trabajamos por formar hombres y mujeres que cuenten con los instrumentos adecuados para responder con audacia y creatividad a los desafíos del mundo actual; que defiendan y promuevan la verdad, la justicia, la libertad y la paz, que logren inspirar, acompañar y guiar a otros a alcanzar el bien común, a vivir a plenitud y a descubrir que, solo sirviendo al estilo de Jesús, es como se construye el Reino de Dios y se alcanza la Santidad.

¡Ánimo! Pioneros, sigamos adelante en nuestra Misión de formar nuevos líderes para nuestra sociedad. Hombres y mujeres colaboradores en la construcción de la casa común, servidores de la mesa compartida, multiplicadores del bien, discípulos misioneros de Jesucristo para qué nuestro pueblo en Él tenga vida, y vida en abundancia. ¡Felicidades!

 

 

 

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