“Hoy más que nunca tenemos que ser universidad, pero más que nada tenemos que ser católicos”

La Católica celebra misa de inicio de curso y reafirma su compromiso con la fe

En un ambiente de recogimiento y esperanza, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico celebró su tradicional Misa de Inicio de Curso. La ceremonia reunió a la comunidad Pionera con la finalidad de poner en manos de Dios los retos y proyectos de la institución universitaria.

La eucaristía fue presidida por padre Víctor Hernández, delegado para la Misión Institucional, quien sostuvo durante la homilía que “la educación que de aquí en adelante realicemos y transmitamos sea una experiencia también de Dios, una experiencia personal de Jesucristo, que sintamos la necesidad todos de caminar acompañados de Jesús, porque es la única manera en que podremos realmente cumplir con esa misión que el Señor nos está dando. A Él le pedimos que impregne nuestro corazón de ese amor, que nos identifique como hijos e hijas de Dios, que nos identifique con la misión de llevar adelante la enseñanza cristiana plasmadas de valores positivos y de hacer el bien y, sobre todo, que nos haga sentirnos partícipes con compromiso de esa misión”.

Por su parte, el presidente de la institución, el Lcdo. José A. Frontera Agenjo, enfatizó en su mensaje que “ante las tormentas que rugen, tenemos que seguir adelante sin miedo, haciendo de la promesa de la educación una realidad para nuestros estudiantes y el país. También, haciendo de la esperanza el sentido de nuestro trabajo y de la colaboración y el esfuerzo mutuo, el testimonio de una comunidad que ama y que se ama, y por eso se entrega al servicio de todos. Hoy más que nunca tenemos que ser universidad, pero más que nada tenemos que ser católicos. Reitero para todos mis mejores deseos en este semestre. Que las metas académicas, investigativas y de servicio personales e institucionales que hemos trazado se logren con éxito y que veamos el fruto de nuestro esfuerzo y el fruto de nuestro trabajo hacerse realidad. ¡A luchar pioneros adelante, a vencer con la universidad!”.

Con esta celebración, La Católica reafirma su misión de forjar profesionales íntegros,  guiados por valores éticos y cristianos, capaces de transformar su entorno con responsabilidad, sabiduría y servicio al bien común.

“Ante las tormentas que rugen, tenemos que seguir adelante sin miedo”
Mensaje del presidente en la celebración de la Misa

Este pasado domingo fue 25 de enero y eso es un día importante en el calendario de nuestra Universidad. El 25 de enero de 1991, hace 35 años, nuestra Universidad fue declarada Pontificia. Estamos precisamente celebrando 35 años de ese acontecimiento. Sepan que como parte de la visita al ad limina de nuestros obispos, le enviamos una invitación al prefecto del Dicasterio de la Cultura y la Educación para que, si le es posible, nos visite este agosto con motivo de esos 35 años o si es muy apretada la agenda, que venga en el 2028 para celebrar los 80 de la fundación de la Universidad. Conforme a este título que nos fue concedido y según se indica en nuestros estatutos, estamos llamados a garantizar de forma institucional una presencia cristiana genuinamente católica en el mundo universitario, frente a los grandes problemas de la sociedad y la cultura en Puerto Rico y en el mundo.  Según esa disposición estamos llamados a hacerlo desde unas características que son propiamente nuestras y que nos diferencian de las otras universidades aquí y en otras partes. En primer lugar, la inspiración cristiana que tiene que distinguir a cada uno de los miembros y a la comunidad universitaria en general. Segundo, un llamado a la reflexión continua a la luz de la fe sobre el misterio del ser humano. Tercero, fidelidad al mensaje cristiano según el magisterio de la Iglesia. Cuarto, respeto a otras creencias religiosas y a la libertad académica, pero en armonía con nuestra propia identidad. Y quinto, un esfuerzo institucional al servicio del pueblo de Dios y de la familia humana, en particular a nuestra sociedad puertorriqueña. Al iniciar este año natural y este nuevo semestre, nos sentimos llamados de forma más directa por el papa León, quien nos invita, como reflexionaba recientemente con la facultad, a construir nuevos mapas de esperanza frente a los desafíos actuales que enfrentamos. No hay duda de que nos rodea la violencia y la guerra. No hay duda de que cada día la desigualdad social es más marcada, que nos enfrentamos a una era de inteligencia artificial que nos reta con una digitalización deshumanizada, que vivimos en una sociedad cada vez más fragmentada y dividida, y que el eficientecismo y la tecnocracia se han proclamado por encima del bien y de las necesidades básicas de tantas personas. Somos testigos de un cambio radical en el orden mundial y en el ideal de libertad y democracia, justicia y derecho al que estábamos acostumbrados. Frente a ello, estamos convocados como universidad católica y pontificia, a ser modelo de diálogo, de convivencia, de cultura y solidaridad, de fe y de esperanza como estrellas que juntas entre sí forman una constelación que nos lleva a puerto seguro. Enseñando y proclamando la verdad en un diálogo continuo y sincero entre razón, ciencia y fe, abiertos a servir a nuestras comunidades y al país, tenemos que ser reserva moral y cultural para nuestro pueblo. En misa hay un canto que solemos utilizar con mucha frecuencia, pero que tiene una estrofa que usualmente la dejamos afuera. Es el canto Iglesia Peregrina, pero hay una estrofa que usualmente la dejamos afuera y que dice, ‘rugen tormentas y a veces nuestra barca parece que ha perdido el timón. Miras con miedo, no tienes confianza, iglesia peregrina de Dios’. Pero se contesta el propio canto diciendo, ‘una esperanza nos llena de alegría, presencia que el Señor prometió, vamos cantando, Él viene con nosotros’. Esa presencia prometida es doble. Él nos dijo que iba a estar con nosotros hasta el final, pero también nos dijo que su espíritu vendría en nuestra ayuda para acompañarnos, guiarnos, iluminarnos y fortalecernos. Como Universidad Católica, esa promesa también es nuestra. Por eso, ante las tormentas que rugen, tenemos que seguir adelante sin miedo, haciendo de la promesa de la educación una realidad para nuestros estudiantes y el país. Haciendo de la esperanza el sentido de nuestro trabajo y de la colaboración y el esfuerzo mutuo, el testimonio de una comunidad que ama y que se ama, y por eso se entrega al servicio de todos. Hoy más que nunca tenemos que ser universidad, pero más que nada tenemos que ser católicos. Reitero para todos mis mejores deseos en este semestre. Que las metas académicas, investigativas y de servicio personales e institucionales que hemos trazado se logren con éxito y que veamos el fruto de nuestro esfuerzo y el fruto de nuestro trabajo a hacerse realidad.   ¡A luchar Pioneros adelante, a vencer con la universidad!

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