El amor a la Universidad fue una constante en la vida del profesor de Historia, diácono Dr. Arnaldo Gierbolini Rodríguez

El Dr. Arnaldo Gierbolini Rodríguez ha ido a descansar en la casa del Padre, pero la huella que ha dejado permanecerá inalterable.

El Dr. Arnaldo Gierbolini Rodríguez ha ido a descansar en la casa del Padre, pero la huella que ha dejado permanecerá inalterable.  Su trayectoria profesional prácticamente se inició en la que entonces era Universidad Católica allá para el 1975 y continuó por más de cuatro décadas hasta su retiro como catedrático del Departamento de Historia de la ya Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.

“El diacono Gierbolini contribuyó mucho con la Universidad, por su forma de ser, por sus valores, por ser un gran investigador y un estudioso de la Iglesia puertorriqueña.   No solo con Puerto Rico, su vinculación con la Iglesia en Cuba fue muy importante.  Una persona que, con su vida, demostraba que mantenía una relación íntima con Dios fruto de la oración.  Un Pionero que extrañaremos, pero damos gracias a Dios por haberlo tenido en nuestra Universidad”, expresó el presidente de la PUCPR, Dr. Jorge Iván Vélez Arocho.

Con una Maestría en Historia de la Universidad de Puerto Rico se inició Gierbolini Rodríguez en 1975, en el Departamento de Historia de la UCPR, y de 1987 a 1993 trabajó en la extensión de Coamo donde, además de impartir cursos, coordinó los servicios académicos y administrativos de sobre 200 estudiantes regulares y también supervisó a la facultad y al personal administrativo de dicha extensión.  Su grado doctoral en Historia de América le fue otorgado por la Universidad de Valladolid de España en 1997 y su tesis doctoral Población, Sociedad e Iglesia en el sur de Puerto Rico:  1755-1815 daba claros indicios de cuál sería el curso de sus investigaciones posteriores.  En diversos foros, dentro y fuera de Puerto Rico, presentó trabajos como Trasfondo histórico del clero católico en Puerto Rico para 1898;   Los archivos parroquiales como fuente de investigación histórica;   Puerto Rico y sus valores cristianos,  entre otros.  Muy importante fue la organización del simposio Las iglesias de Cuba y Puerto Rico: un encuentro con la historia así como la organización del viaje de investigación  académico-histórica a Cuba.

Lo que más distingue al Dr. Gierbolini, sin embargo, no es solamente su destacada ejecutoria profesional, sino que su vida personal haya sido testimonio vivo de su fe y de sus valores cristianos. Cuenta una de sus hijas que muy joven se convirtió en el apoyo de su madre y de sus hermanos, según lo comparte su hija Saray Gierbolini ¨mis tíos dices que no han perdido a un hermano, sino a un padre¨. Luego formó su propia familia y esos mismos valores fueron fundamento en su hogar.  Así lo atestiguan su compañera de vida y sus hijos.  El hogar que fundó con Mirta Norat Quiñones, a quien estuvo unido por 38 años, procreó cinco hijos:  Arnaldo José, Sarahy del Carmen, los gemelos fraternos André Arnaldo y Estela María, y Carola Inés.  Su hija Saray, quien considera a su padre el pilar de la familia, señala ¨Mi padre nos llamaba la trulla, y cada día se ocupaba de llevarnos a la escuela, de ver que hiciéramos nuestros trabajos, y de sembrar en nuestro corazón cómo la presencia de Dios nos acompaña en cada paso.  También nos enseñó a luchar por alcanzar nuestros sueños porque, a pesar de atendernos a nosotros cinco y de su trabajo, pudo terminar su doctorado lo que representa un ejemplo para cada uno de nosotros¨.  Cuando los hijos crecieron y se convirtió en abuelo, ese mismo amor incondicional lo recibieron sus tres nietos, al último, de tres meses, su abuelo lo pudo ver a través de una pantalla, pero con igual alegría que si lo hubiera visto presencialmente.

La fe que guio la vida de Arnaldo Gierbolini lo acompañó hasta el final.  En medio de las pruebas y de las luchas que enfrentó, afirma su hija que se mantuvo firme en aceptar la voluntad de Dios.  ¨Papi nos decía que Dios tenía el tiempo preciso, y así fue, nos dio el tiempo que todos nosotros necesitábamos para aceptar su partida.  La formación que él nos dio nos preparó para enfrentar este golpe.  Nos sentimos orgullosos de la batalla que dio en la fe¨. Y añadió ¨Donde quiera que uno se para hablan bien de él.  Es un orgullo ser hija de mi papá¨.

Descanse en paz profesor, su legado se mantiene vivo.

 

 

 

 

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