Nov 092018
 

Pioneros se enrollan las mangas para ayudar a quienes necesitan.

La Asociación de Estudiantes de Biotecnología y el Club de Química de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico se armaron con mapo y escoba para habilitar un centro que utiliza un grupo de laicos de la iglesia La Milagrosa para apoyar a las comunidades de la zona.  El grupo llegó hasta el local ubicado en el antiguo Colegio San Vicente de Paúl en el barrio La Cantera de Ponce y así hacer la diferencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La experiencia del servicio es siempre una oportunidad de encuentro de amor por y con el prójimo.  Dedicar de nuestro tiempo, es, sin duda, sinónimo de vida y pieza clave para construirnos como personas y como profesionales porque desarrollamos nuestra sensibilidad. Desde mi rol como estudiante, siembro un rayito de esperanza en quienes necesitan.  Es una forma de demostrar que la juventud, no tan solo es el futuro, sino el presente de nuestro país”, expresó Melanie Pacheco Torres, estudiante de ciencias biomédicas.

Los Pioneros atendieron el llamado de la Dra. Sandra Molina Colón, catedrática del  Departamento de Biología de la PUCPR.  “Los convoqué a esta iniciativa para que, de forma voluntaria, participaran en la limpieza de un local que le fue asignado a un grupo de seglares para que la Pastoral Social de la iglesia La Milagrosa pueda ejercer sus funciones programáticas. En ese local, los miembros de la Pastoral Social guardan parte de la ropa y calzado, que entre otros materiales, han recaudado y entregado a las personas que lo necesitaban. Las lluvias y el viento del huracán María dañaron una parte de los materiales, quedando otros en espera de ser organizados para luego repartirlos entre las personas que los necesiten”, explicó.

John Rodríguez García, estudiante del Bachillerato en Ciencias con concentración en biotecnología sostuvo “La experiencia de colaboración con la Pastoral Social de la iglesia La Milagrosa fue una llena de enriquecimiento personal, ya que realizando obras voluntarias de este tipo, se promueve un sentido de responsabilidad social”.

Ataviados con guantes y mascarillas, los estudiantes desecharon los materiales dañados por el huracán María, limpiaron los salones y clasificaron la ropa que había sido recogida por el grupo de seglares.  “Eran como abejitas, colaborando unas con otras, sin tregua, para cumplir con el compromiso de terminar la tarea de crear el panal que, en este caso, es un lugar desde donde se podrá ofrecer servicio a las personas que lo necesiten desde la perspectiva de la misión social de la Iglesia.     Realmente no es una sola comunidad, sino todas las comunidades pobres de Ponce donde existen personas de muy bajos ingresos que perdieron gran parte de sus pertenencias durante el huracán. La Pastoral Social lo que ha hecho es tratar de aliviar a esas familias, primero, proveyéndoles compra luego del huracán, y ahora proveyéndoles ropa que fue donada por otras familias más aventajadas.  Nosotros, los de La Católica, lo que hicimos fue darles la mano a los de la Pastoral para limpiar el local y organizar la ropa”, aseguró  la Dra. Molina.

Por su parte, Karen Michelle Torres Pacheco  dijo “Cada labor comunitaria es un gesto de amor que en reciprocidad nos hace jóvenes más sensibles y solidarios. Como futuros profesionales nos conciencia sobre la importancia de servir. Como estudiantes de la Pontificia Universidad Católica cumplimos con su misión y la de Jesucristo”.

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