Jan 032018
 

Los Reyes Magos tradición católica

 Durante el año litúrgico, la Iglesia busca que las personas vivan cada uno de los misterios de Cristo, para recordarles a través de ellos la obra de la salvación. El año litúrgico recorre los distintos momentos de la vida mortal o terrena de Cristo, desde la encarnación hasta su ascensión a los cielos y la espera expectante de su segunda venida. Este ciclo, recorrido por el Hijo de Dios durante su vida es objeto de recuerdo y de celebración por parte de la comunidad cristiana, en los distintos tiempos litúrgicos del año del Señor. El ciclo del Señor, llamado también “propio del tiempo”, comienza el primer domingo de Adviento y termina con la semana que sigue a la solemnidad de Cristo Rey y Señor del Universo.

El Ciclo de la Manifestación del Señor es el Tiempo de Adviento, Navidad y Epifanía, como manifestación del Señor Jesucristo, en su nacimiento o su salida a la luz, que se hizo hombre y se ha manifestado. Dentro de este ciclo está la Epifanía que significa “manifestación”  precisamente.   “El tiempo de Adviento es la preparación a celebrar la encarnación, el nacimiento y la manifestación del Hijo de Dios. Por eso, no podemos desligar la celebración del Adviento de la celebración de la Navidad y de la Epifanía, porque en el fondo coinciden en los aspectos fundamentales del misterio que celebran. El Adviento tiene carácter de preparación, y Navidad y Epifanía es tiempo fuerte de celebración. La celebración de la manifestación del Señor en nuestra carne, se inicia con las primeras vísperas de Navidad y termina el domingo después de la Epifanía, en el cual se conmemora el Bautismo de Jesús. Todo este período se llama  tiempo de Navidad” explicó el padre Juan Javier Iñigo, delegado para la Misión Institucional.

“Pero no olvidemos que en la Iglesia, la Pascua es la celebración más importante del año litúrgico. Es la fiesta principal, pero no sería posible sin lo que la Navidad significa, el comienzo de nuestra salvación. Así que la celebración misma de la Navidad mira a la Pascua como su destino y culmen. El resplandor que ilumina el día santo (o la noche santa) en que nació Cristo, es el mismo que brilla en la noche santa o día santo de su resurrección. Nacimiento y Resurrección de Cristo tienen en común la salida de las tinieblas para entrar en la luz, pasar de la muerte a la vida” concluyó Iñigo.

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