Jan 172012
 

Por:  Dr. Jorge Iván Vélez Arocho, Presidente.

La Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico inicia el segundo semestre del año académico 2011-2012 con la alegría, esperanza y confianza que habita en nuestro espíritu por el Nacimiento de Jesús. Dios que se Encarnó en María se hizo presente en nuestra historia… llegó el Dios con nosotros… el Emmanuel… por fin hemos visto el rostro de Dios… ¡Jesús es el rostro de Dios.!

Como les decía en el mensaje de Año Nuevo “Hemos escuchado el anuncio de la llegada del Hijo de Dios y queremos responder con generosidad a ese amor… a esa entrega.”  Estudiantes, personal no docente y  facultativos, responderemos generosamente desde nuestra realidad a fortalecer nuestra Universidad para que provea una excelente educación y formación profesional que le posibilite, a los que aquí se acerquen a estudiar, un ambiente  en el que logren realizar sus ilusiones y esperanzas. De una manera especial, les damos la bienvenida a los estudiantes que llegan a nuestra Institución por primera vez, a los que llegan de otros países y a los nuevos empleados, facultativos y administrativos. ¡Bienvenidos a La Católica!

El Santo Padre Benedicto XVI pronunció un mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz que la Iglesia celebró el 1 de enero de 2012. Al iniciar este segundo semestre destacaría cinco puntos que nos deben marcar el rumbo de nuestra agenda universitaria durante este año 2012.

 

  1. Tener una actitud de confianza. “¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia y salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones.”
  2. Prestar atención al mundo juvenil. Nos invita el Papa a prestar atención al mundo juvenil para educarlos en la justicia y la paz.  “Saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz. Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de vivirla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos. Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza al futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que les prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.”
  3. Valor del testimonio de vida. “Por eso, los testigos auténticos y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca.  Testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abarca espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone.”
  4. Las instituciones educativas. “…vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. Que se preocupen de que cada joven pueda descubrir la propia vocación, acompañándolo mientras hace fructificar los dones que el Señor le ha concedido. Que aseguren a las familias que sus hijos puedan tener un camino formativo que se contradiga con su conciencia y principios religiosos. Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente.  Lugar para dialogar y escuchar, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraternal.”
  5. La primera educación. “Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme con esta altísima dignidad. Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre se refiere a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones», incluida la trascendente y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo. Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad.”

Recordemos que en esta jornada no estamos solos. La Iglesia nos acompaña y nos anima.  En palabras del Santo Padre “desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.” ¡Convencidos de que “el bien es posible” y de la mano de la Virgen de la Guadalupe, iniciamos este segundo semestre con alegría, esperanza y confianza! ¡Enhorabuena!

 

 

 

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