Sep 112017
 

Un encuentro con Don Miguel Ángel Cintrón González y el paso de Irma.

Leomary Cintrón Santiago
oficial administrativo
Oficina de Relaciones Públicas
estudiante de maestría
Educación Gerencial, PUCPR

La noche del miércoles 6 de septiembre de 2017 será un recuerdo significativo en mi memoria por dos razones: el paso del huracán Irma por Puerto Rico y la entrevista a mi padre.  Él cumple 92 años  el próximo  noviembre, pero tiene una mente privilegiada.  Cuando cayó la noche, le expliqué a mi padre  que iba a entrevistarlo.  Agarré una linterna, una libreta, un bolígrafo y comencé a preguntarle sin orden alguno. Mientras, él iba desenrrollando esta valiosa lección de historia sin prisa, pero sin pausa.

Leomary Cintrón junto a su padre.

“Para el huracán San Felipe yo era un niño pequeñó. Fue un huracán fuerte y estábamos en una tormentera que hizo papá. Yo me asomaba por el espacio que había entre la tierra y la tapa de la tormentera y podia ver cuando las planchas de zinc y las matas de plátano iban volando. Es lo poco que puedo recordar  de ese huracán.  Yo viví el huracán San Ciprián en  1933. Tenía 7 años. La tormentera estaba  bajo tierra y terminaba en dos aguas en madera y zinc en forma de triángulo. Eran cuadradas o rectangulares dependiendo de la familia. Nosotros éramos 11 con papá y mamá. Imagínate, todos apretaditos  allá abajo pasando ese mal tiempo.

La casa era de madera y vivíamos frente a un monte, llamado el farallón,  que hacía  un estruendo cuando se acercaba mal tiempo.  El monte anunciaba el mal tiempo.  Allí, en lo alto,  se cosechaban guineos, aguacate, café. En la falda del farallón  se cosechaban batatas, ñames, malangas, ajos, cebollas. Cerca de la casa se sembraba recao, chincha (cilantrillo), pimiento, tomate.

Cuando había mal tiempo el monte tronaba, pero si era ciclón, se mantenía en silencio. Un peligroso silencio.  Mamá preparaba caldo de gallina y funche y los llevaba a la tormentera para alimentarnos.”

Comencé entonces a preguntarle cómo era la vida en familia en esa época.  Su memoria viajó y comenzó a revivir lo vivido.

“La noche del miércoles 6 de septiembre de 2017 será un recuerdo significativo en mi memoria por dos razones: el paso del huracán Irma por Puerto Rico y la entrevista a mi padre”

“En la Navidad se mataba un lechón. Ese lechón se adobaba con recao, tomate, ajo, cebolla y pimienta. La manteca que botaba se guardaba para tocino. Las patas se usaban para mondongo.   Papá mataba el cerdo y con la sangre hacía morcillas. Los intestinos se lavaban en la quebrada. Se le conocía también como las tripas del cerdo.  ¡Eran sabrosas! Del cerdo se utilizaba todo.  Cuando la cerda iba a parir, papá y mamá se amanecían velándola. En la casa había un molino y se molía el maíz y el café. El café se tostaba y se molía en la casa. De los años 20 en adelante se empezó a vender café crudo, tostado. Ahora se vende en harina. Antes el café era para el consumo de la famiia al igual que el guineo y el plátano. El guineo se regalaba o se le echaba a los animales.

Para 1930 en Puerto Rico se producía arroz. El arroz se usaba mucho en Navidad. Los aguinaldos y las parrandas eran muy populares y se les obsequiaba  a los amigos, parientes y vecinos el arroz con dulce. También se cumplían las promesas, oraciones cantadas que se acostumbraban y todavía se practican en muchos pueblos. Las panderetas se hacían con el cuero del cabro o de la vaca. Yo llegué a tocar pandereta y escribí este aguinaldo:

Con el Padre Nuestro empieza mi oración

que con devoción al acostarme rezo

le sigue el Pan Nuestro porque es un mandato

que desde lo alto nos dicta El Supremo.

así es que yo rezo el Santo Rosario”.

Hasta aquí mi entrevista. Luego de esto nos enteramos del viraje que dio Irma y le agradecimos a Dios. Disfruté este momento. Don Miguel Ángel Cintrón González  vivió la historia.  Hubiera sido un excelente maestro.

 

 

 

 

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Sep 112017
 

Tienes hasta el viernes para donar artículos y hacer la diferencia

Solidarios con los hermanos de la isla municipio de Culebra, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR) apoyará en la recolección de artículos de primera necesidad.  Esto, tras el paso del huracán Irma que dejó sus embates directo en la isla vecina.  Así lo confirmó hoy el presidente de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Dr. Jorge Iván Vélez Arocho.

“Los recintos de Ponce, Mayagüez y Arecibo de la PUCPR habilitarán centros de acopio para ayudar a las víctimas en Culebra de este poderosos sistema.  Nos sentimos solidarios con ellos y por eso impactaremos su calidad de vida a través de esta iniciativa.  El llamado es a todos los puertorriqueños a que se unan a hacer la diferencia”, dijo el presidente.

La PUCPR, particularmente, insta a que el pueblo done artículos de aseo personal como pasta y cepillos de dientes, jabones, champú,  toallas, pañales para niños y adultos, toallitas húmedas  de limpieza personal, navajas, desodorantes, toallas sanitarias, papel sanitario, y otros artículos relacionados.  También, se recibirán agua embotellada y galletas de soda.

De hecho, el asistente de servicios auxiliares y operacionales del presidente, René Marrero Rosado explicó que “En conversación con el párroco de  Culebra, surge la necesidad directa de recolectar artículos de uso personal, agua y galletas enlatadas. Por lo que estaremos llenando esa necesidad especial”, apuntó.

El centro de acopio del recinto de Ponce ubica en la residencia San Pablo, por el acceso del Hospital Damas. (frente al Bosque de las Naciones y el parque de soccer).  También, al igual que los recintos de Mayagüez y Arecibo, se recibirán artículos en las casetas de los guardias de seguridad de cada entrada.

Se recibirán donaciones hasta el viernes 15 de septiembre en los tres recintos.

Para información por recintos puede comunicarse con:

Ponce-

René Marrero Rosado – 787-237-4381

Mariangelic Hatton Negrón –  mhatton@pucpr.edu o 787.841-2000, ext. 1245.

Melvin Maldonado Montalvo – 787-923-8914

 

Mayagüez-

Karen Morales Rodríguez – 787-366-7678

 

Arecibo-

Mabel Saavedra Galán – 787.342-9575

Lindsay López Murillo –    787-232-4514

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Sep 112017
 

Conoce cuándo se lanzará el libro Monseñor Fremiot Torres Oliver, el amor es la plenitud de la ley.

La figura de uno de los pilares de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico retoma vida en la publicación  Monseñor Fremiot Torres Oliver, el amor es la plenitud de la ley.  El libro, que acaba de publicar la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, se lanzará el próximo 18 de septiembre de 2017.  El proyecto presenta los textos, las cartas, los testimonios y otros documentos enmarcados en la época en que Mons. Fremiot Torres Oliver fungió como obispo de la Diócesis de Ponce y gran canciller de la PUCPR.

De hecho, la  investigación y recopilación de los documentos se gestó por Mons. Juan Espona, quien fuera su secretario particular y amigo personal por más de treinta años. La Profa. Adelaida Bidot tuvo la encomienda de organizar, editar, seleccionar, y dar forma a las múltiples voces que colaboraron con la recomposición de la historia del sacerdote, obispo, gran  canciller y religioso cuya encomienda fue poner en práctica y aplicar los resultados del Concilio Vaticano II en la Diócesis y en la Universidad.

“Este libro, como suele ocurrir misteriosamente con algunos bellos e impredecibles acontecimientos, se materializa gracias al cruce de dos voluntades e intenciones que caminaban paralelas pero desconectadas entre sí.  La fuerza de ese encuentro iluminó y definió una meta, sumó recursos, desencadenó un propósito común y dio como resultado un texto original, distinto a las publicaciones existentes sobre quien fuera el obispo de Ponce por más de treinta años.  Es un libro, pues, de colaboración y trabajo conjunto entre dos partes que comulgaron en la pertinencia de dar a conocer lo que sus páginas recogen”, acentuó la autora.

La prof. Bidot explicó que el libro está dividido en cuatro partes.  “En la primera Fremiot Torres Oliver: antes del sacerdocio, se hace un breve recorrido por la infancia y adolescencia del joven Fremiot Torres Oliver, hasta que ingresa en el Seminario de San Juan, resaltando aquellos aspectos que sus familiares más cercanos y algunos conocidos han identificado como “señales vocacionales” del que, años después se convertiría en el Padre Torres.  En la próxima parte, Padre Fremiot Torres Oliver: sus primeros años de sacerdocio, se repasan las gestiones que le tocó liderar como sacerdote adscrito a la Diócesis de Ponce: desde el impacto que fue causando a las personas con quienes trabajaba y asistía en su labor pastoral y evangelizadora, hasta su formación profesional, académica y religiosa”.

Bidot detalló tambien que Monseñor Fremiot Torres Oliver, Obispo de la Diócesis de Ponce y Gran Canciller de la Universidad Católica de Puerto Rico, es la tercera parte del escrito.  Se centra en la tarea postconciliar, para la renovación de la Iglesia ponceña, insular, universal.

“Ya en la Cuarta Parte retomamos sus últimos años en España, desde donde continuó, hasta el fin de sus días, ejerciendo la labor de pastor de su Iglesia, de evangelizador y de incansable testigo de la fe que profesó y defendió”, adelantó.

Este esfuerzo forma parte de una serie de publicaciones que ha lanzado el presidente de la PUCPR, Dr. Jorge Iván Vélez Arocho para salvaguardar las aportaciones de las distintas órdenes religiosas en la Universidad.

El lanzamiento del libro será el 18 de septiembre de 2017 a las 4:30 p.m. en el segundo piso de la Biblioteca de Derecho que lleva su nombre.

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