La Católica inicia el nuevo curso con un llamado a ser sal y luz para Puerto Rico
El nuevo gran canciller, Mons. Geraldo Ramírez Torres, exhorta a convertir el conocimiento en servicio y la formación en una fuerza transformadora.
Con un llamado a transformar la sociedad desde la caridad y a ser sal y luz ante la oscuridad de los tiempos actuales, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico inició oficialmente su nuevo curso académico con la celebración de la Misa de Inicio de Curso. El nuevo gran canciller, S.E.R. Mons. Geraldo Ramírez Torres, obispo de la Diócesis de Ponce, marcó el inicio de esta jornada académica.
A pocos días de haber asumido el ministerio episcopal, Mons. Ramírez se acercó a la comunidad universitaria para celebrar la Eucaristía y encomendar el nuevo año académico. Centró su homilía en la sal y la luz, como expresión de la identidad y de la misión como universidad católica.
“La sal tiene una característica muy sencilla: no existe para sí misma. La sal da sabor, conserva, transforma aquello con lo que entra en contacto. Una pequeña cantidad puede hacer una gran diferencia. También la universidad católica está llamada a ser como la sal: una presencia que transforma. Y cada uno de nosotros está llamado a aportar algo que haga diferente nuestro entorno. La luz tiene una misión: iluminar. La luz no elimina las dificultades de la noche, pero permite caminar en medio de ella. No hace desaparecer todos los problemas, pero nos ayuda a encontrar el camino. También hoy necesitamos personas que iluminen”, expresó durante la homilía.
Asimismo, lanzó un mensaje directo a los estudiantes: “Queridos estudiantes: ustedes no vienen a la universidad solamente para obtener un título. Vienen a prepararse para una profesión, sí, pero también para una vida. El conocimiento que adquieren tendrá sentido pleno cuando se convierta en servicio. Ser buenos profesionales es importante. Pero ser honestos, responsables, sensibles ante el sufrimiento de los demás y comprometidos con el bien común es todavía más importante. En un mundo donde muchas veces se valora el éxito por encima de la verdad, la competencia por encima de la solidaridad y la apariencia por encima de la autenticidad, Jesús nos invita a ser sal: a conservar aquello que vale, a dar sabor humano a nuestras relaciones y a contribuir a una mejor sociedad”, dijo.
Para el tan querido Padre Jerry, como le llaman muchos, la excelencia profesional debe caminar de la mano con la formación humana. Por eso exhortó a los estudiantes a cultivar la honestidad, la responsabilidad, la sensibilidad ante el sufrimiento de los demás y el compromiso con el bien común, especialmente en un mundo donde, según planteó, con frecuencia se privilegia el éxito sobre la verdad y la competencia sobre la solidaridad.
La misión de iluminar también fue extendida al cuerpo docente. “Necesitamos también profesores que iluminen con su sabiduría; empleados que iluminen con su entrega y servicio. Pidamos por todo el personal universitario que su trabajo cotidiano sea reconocido como una verdadera forma de servicio. Que este nuevo curso no sea solamente un año de crecimiento académico, sino un año de crecimiento humano y espiritual”, sostuvo Mons. Ramírez.
Al concluir, el líder católico se acercó a la comunidad universitaria y se puso a disposición de escucharlos y acompañarlos. Así también, pidió sabiduría, perseverancia, humildad, generosidad y entereza para vivir la fe con coherencia. Añadió: “Una universidad católica no está llamada a encerrarse en sí misma. Su misión es llevar la luz de la verdad, de la dignidad humana, de la esperanza y del Evangelio del amor al corazón de la sociedad. Y cada uno de nosotros tiene un espacio concreto donde puede hacerlo. Tal vez nuestra luz se manifieste en una palabra de ánimo a un compañero que está pasando por un momento difícil. A veces pensamos que para cambiar el mundo necesitamos hacer cosas extraordinarias. Jesús nos recuerda que una pequeña lámpara puede iluminar una habitación entera. No obstante, es imposible ser luz en nuestro entorno si mantenemos vivo el resentimiento y latente las ofensas. O si no somos capaces de cargar con las debilidades, defectos, imprudencias y malas caras de los demás. O si mantenemos la postura de no querer acercarnos al que nos ofendió.
El presidente de la PUCPR, el Lcdo. José Antonio Frontera Agenjo, sostuvo por su parte: “Como comunidad universitaria y de fe, nos ponemos en las manos de nuestro Señor, bajo el amparo de Santa María, trono de la sabiduría. Encomendamos a nuestros estudiantes, sus metas, sueños y anhelos; encomendamos sus deseos de vivir y contribuir al país y sus comunidades. Nos encomendamos también nosotros, para que podamos ser guía, testimonio y modelo como educadores. Sabemos que habrá dificultades y retos, que enfrentaremos obstáculos y diversas situaciones. Pero vamos confiados en la protección maternal de Santa María y en la compañía siempre segura de Jesucristo, en quien hemos renovado nuestra fe y por eso los invito a que sigamos adelante en nuestra misión, sin temor, con ánimo, juntos y unidos en esta tarea”.














