Dec 102012
 

Por:  Jorge Iván Vélez Arocho

Nos encontramos en el Adviento… en un período de espera… La Navidad está cerca. Las oraciones de la Iglesia durante este tiempo hacen continuas referencias a la proximidad del gran acontecimiento que celebramos en la Navidad y a cómo debemos prepararnos… cuáles actitudes debemos tener en este tiempo de espera para celebrarla con pleno y profundo sentido cristiano. Escuchemos esta hermosa plegaria “Al acercarse las fiestas de la Navidad, te rogamos, Dios eterno y todopoderoso, que tu Verbo, que se hizo carne en el seno de la Virgen María y habitó entre nosotros, nos haga sentir su amor y su misericordia”. La Iglesia nos invita a recordar que Dios se hizo humanidad… tomó nuestra naturaleza  en el vientre de María para traernos la salvación y para mostrarnos el camino para vivir el amor y la misericordia.

“Queridos hermanos de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico preparémonos para salir jubilosos al encuentro de nuestro Salvador”, Dr. Jorge Iván Vélez Arocho, presidente PUCPR.

En otra oración del Adviento le suplicamos a Cristo que llegue pronto… que no retrase su venida, necesitamos al Salvador… que venga a nuestras vidas, a la vida de nuestras comunidades, a la vida de nuestro pueblo puertorriqueño. En este Adviento del año 2012 volvemos a suplicarle a Cristo con la misma vehemencia, con la misma urgencia: “Apresúrate, Señor Jesús, no tardes ya, para que tu venida dé nuevas fuerzas y ánimo a quienes hemos puesto nuestra confianza en tu misericordia”. Hermanos alegrémonos! Dios viene; Jesús, el Salvador, el Dios con nosotros. Él nos trae la verdadera vida… una vida llena de alegría, paz y misericordia.  Jesus viene a mostrarnos el camino de la felicidad. Una de las Antífonas Mayores del Adviento recoge este hermoso sentimiento “Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín, y ordenándolo todo con firmeza y suavidad: ven y muéstranos el camino de la salvación.”

El Adviento también es época de dar gracias, de estar en vela y de orar como nos lo recuerda uno de los prefacios del Adviento “Es justo darte gracias, Padre, por Cristo. A quien los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de Madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza”.

El Papa Benedicto XVI al reflexionar sobre este período de Adviento del 2012 nos dice “La Liturgia del Adviento subraya que la Iglesia da voz a esa espera de Dios profundamente inscrita en la historia de la humanidad, una espera a menudo sofocada y desviada hacia direcciones equivocadas. Cuerpo místicamente unido a Cristo Jefe, la Iglesia es sacramento, es decir, signo e instrumento eficaz de esa espera de Dios. De una forma que solo Él conoce, la comunidad cristiana puede abreviar la venida final, ayudando a la humanidad a salir al encuentro del Señor que viene. Y esto lo hace antes que nada, pero no solo, con la oración. Las obras buenas son esenciales e inseparables a la oración, como recuerda la oración de este primer domingo de Adviento, con la que pedimos al Padre Celestial que suscite en nosotros la voluntad de salir al encuentro de Cristo, con las buenas obras. Desde este punto de vista, el Adviento es más adecuado que nunca para convertirse en un tiempo vivido en comunión con todos aquellos, y gracias a Dios son muchos, que esperan en un mundo más justo y más fraterno.”

Queridos hermanos de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico preparémonos para salir jubilosos al encuentro de nuestro Salvador.  Como nos dice el profeta Isaías “Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre Maravilla de Consejero, Dios Fuerte, Siempre Padre, Príncipe de Paz.” (Isaías 9,5). ¡Preparémonos para las grandes fiestas de Navidad con las actitudes propias de un cristiano y salgamos al encuentro de Dios que viene a nuestras vidas! El Consejero, el Príncipe de la Paz, Dios Misericordia viene a establecer su morada entre nosotros:  Viene a quedarse en nuestras vidas… “Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos: ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.”

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