Aug 152012
 

Mensaje de bienvenida del presidente de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Dr. Jorge Iván Vélez Arocho.

 Mensaje del Presidente

Misa Inicio de Curso 15 de agosto de 2012

La Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico inicia el Primer Semestre del año académico 2011-2012 con ilusión, esperanza y alegría.  Agradecemos  a Dios que nos facilita el estudiar y el enseñar. Como ustedes saben, estudiar es un gran privilegio que pocas personas en el mundo disfrutan y enseñar en una universidad es el sueño de muchas personas que desearían tener ese privilegio.  Enseñar en una Universidad Católica y Pontificia es un gran honor y responsabilidad.  Por eso hoy damos gracias a Dios…

Miles de estudiantes, de nuevo,  se acercaron a nuestra Institución este año.  Confiaron en la PUCPR, en nuestros profesores, en nuestros empleados y en los compañeros estudiantes. Sus padres también confiaron.  Vienen a La Católica en busca de una excelente educación y formación profesional que les permita lograr sus anhelos, esperanzas y movilidad social. Pondremos todo nuestro empeño en que esta experiencia sea la mejor. A cada uno de ellos, en nombre de la comunidad universitaria, les doy la más cordial bienvenida.  A los que llegaron de Brasil, de Italia, de Haití y de tantos lugares, ¡Bienvenidos!

De una manera especial saludamos a los estudiantes que entran a nuestra Institución por primera vez.  Ingresan a la Universidad de Javier Culson, de Lely Burgos y de Marcos Lavado, nuestros alumnos en las Olimpiadas 2012, aquellos que llevaron los colores de La Católica. Con la misma alegría saludamos a los nuevos empleados, facultativos y administrativos. ¡Bienvenidos a su casa… a La Católica!

El P. José Luis Martín Descalzo, escritor y periodista, quien falleció a los 61 años, escribió muchos libros muy interesantes. Recientemente me regalaron un libro que no conocía: “Razones para orar”. Es una selección de escritos que tiene 26 razones para orar. Permítanme leerles un trozo de uno de sus capítulos que puede servir de telón al inicio de este semestre.

“Cuentan que un joven paseaba una vez por una ciudad desconocida, cuando, de pronto, se encontró con un comercio sobre cuya marquesina se leía un extraño rótulo: «La Felicidad». Al entrar descubrió que, tras los mostradores, quienes despachaban eran ángeles. Y, medio asustado, se acercó a uno de ellos y le preguntó: «Por favor, ¿qué venden aquí ustedes?» «¿Aquí? —respondió el ángel—. Aquí vendemos absolutamente de todo». «¡Ah! — dijo asombrado el joven—. Sírvanme entonces el fin de todas las guerras del mundo; muchas toneladas de amor entre los hombres; un gran envase de comprensión entre las familias; más tiempo de los padres para jugar con sus hijos…» Y así prosiguió hasta que el ángel, muy respetuoso, le cortó la palabra y le dijo: «Perdone usted, señor. Creo que no me he explicado bien. Aquí no vendemos frutos, si no semillas.»

En los mercados de Dios (y en los del alma) siempre es así. Nunca te venden amor ya fabricado, te ofrecen una semillita que tú debes plantar en tu corazón, que tienes luego que regar y cultivar mimosamente, que has de preservar de las heladas y defender de los fríos, (y diríamos en PR, de los huracanes y de las lluvias) y que, al fin, tarde, muy tarde, quién sabe en qué primavera, acabará floreciéndote e iluminándote el alma.

Y con la paz ocurre lo mismo. Hay quienes gustarían de acudir a un comercio, pagar unas cuantas pesetas o unos cuantos millones y llevarse, ya bien empaquetaditos, unos kilos de paz para su casa o para el mundo.

Claro que a la gente este negocio no le gusta nada. Sería mucho más cómodo y sencillo que te lo dieran ya todo hecho y empaquetado. Que uno sólo tuviera que arrodillarse ante Dios y decirle: «Quiero paz» y la paz viniera volando como una paloma. Pero resulta que Dios tiene más corazón que manos.

Bueno, en realidad, siempre ha sido así. Desde el día de la creación, Dios no tiene más brazos que los nuestros. Nos los dio precisamente para suplir los suyos, para que fuéramos nosotros quienes multiplicáramos su creación con las semillas que Él había sembrado.

Querida Facultad, queridos estudiantes, querida comunidad universitaria de la PUCPR, este año académico 2012-2013 se nos presenta con una agenda amplia de iniciativas, propuestas y eventos programáticos y de infraestructura.  Pero, más importante que eso es la gran oportunidad que se nos presenta para encontrarnos con Dios Padre Misericordioso, con Jesús nuestro Hermano, con el Espíritu Santo Consolador para tener la experiencia de Dios en su Palabra, en la Eucaristía y en el encuentro con los hermanos.

La Santísima Trinidad nos invita  a todos a dispensar semillas.  Semillas de amor, de paz, de perdón, de misericordia, de entendimiento, de alegría y de esperanza.  Salgamos a plantar semillas con alegría. Dios está con nosotros y tal como vimos en la última graduación en el Coliseo Pachin Vicéns, Dios nos permitirá participar en el recogido de la cosecha y diremos todos “Bendito sea Dios” que por pura gratuidad nos permite asociarnos a su siembra.

¡Confiados en que “el bien es posible” encomendamos a la Virgen de la Guadalupe el viaje de nuestra barca hacia puerto seguro!

Jorge Iván Vélez-Arocho, Presidente PUCPR

 

 

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