Apr 092012
 

Mensaje de Pascua de Resurrección del Presidente

8 de abril de 2012

Por:  Dr. Jorge Vélez Arocho

Queridos hermanos y hermanas… ¡Gloria, gloria, aleluya el Señor resucitó! Este hermoso himno que cantamos en nuestras celebraciones es la Buena Nueva. ¡Cristo vive y está con nosotros! Esta es la gran noticia y la gran verdad en la cual fundamentamos nuestra fe. Estamos alegres y llenos de esperanza. Celebramos con alegría el triunfo de Cristo, su Resurrección… la prueba mayor de la divinidad de Jesús. Nos dice San Agustín que La fe de los cristianos es la Resurrección de Cristo; esto es lo que tenemos por cosa grande: el creer que resucitó.Nuestra muerte ha sido vencida y redimida. Sobre cada uno de nosotros, como sobre Jesús, la muerte no tendrá  la última palabra. ¡Bendito sea Dios! ¡Aleluya!

En la Pascua de una manera especial, recordamos a cada uno de nuestros familiares que han fallecido y, de nuevo, al encontrarnos con la resurrección de Jesús, encontramos razones para la alegría como diría el P. José Luis Martin Descalzo.  Si vivimos  en Cristo no morimos para solo morir, morimos para resucitar a una vida nueva y eterna. Los que creemos  en Cristo estamos jubilosos pues Cristo nos ha llamado al gozo de la resurrección… de su resurrección  y de la vida perpetua a través de la muerte.

¿Y cómo celebrar esta alegría… este júbilo? En la 2ª lectura del Domingo de Pascua, San Pablo nos dice: Celebremos la Pascua, no con levadura vieja, sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad.” Eliminar de la vida personal y comunitaria  lo que no le agrada a Dios, lo que no es parte del Plan de Dios, simbolizados en la levadura vieja y llevar una vida auténtica con valores y sentimientos cristianos, con ázimos, símbolo de lo limpio y puro. Como nos dice San Ireneo de Lyon “Sólo así, nuestros cuerpos, tras su disolución en la sepultura, resucitarán a su tiempo por el poder del Verbo de Dios para la gloria del Padre, que revestirá de inmortalidad nuestra carne corruptible, pues la omnipotencia de Dios se manifiesta perfecta en lo que es débil y caduco.” Y tenemos fe que a través del Sacramento de la Reconciliación nuestro espíritu resucita después de nuestras caídas y miserias humanas y podemos proclamar como San Pablo en Filipenses 4,13 “todo lo puedo en Aquel que me conforta”.

¿Y cómo testimoniar esta Resurrección del Señor? Benedicto XVI en la Homilía de Vísperas del 24 de julio de 2009, en la Catedral de Aosta, nos invita a que la Iglesia se ofrezca al Padre como sacrificio vivo y santo.  Esta invitación del Papa a que nosotros mismos, con todo nuestro ser, seamos adoración, sacrificio y restituyamos  nuestro mundo a Dios y transformemos así el mundo “Constituye una referencia a dos textos de la Carta a los Romanos: en el primero, san Pablo dice que tenemos que convertirnos en un sacrificio vivo (Cf.12, 16). En el segundo, donde Pablo describe el apostolado como sacerdocio (Cf. 15, 16).”!Qué gran propuesta nos hace el Santo Padre como respuesta a Jesús que resucita y se queda entre nosotros para ir transformando el mundo! 

Al iniciar este camino Pascual pidamos al Señor “que nos ayude a ser sacerdotes en este sentido para ayudar en la transformación del mundo, en adoración de Dios, comenzando por nosotros mismos. Que nuestra vida hable de Dios, que nuestra vida sea realmente liturgia, anuncio de Dios, puerta en la que el Dios alejado se convierta en Dios cercano, y realmente don de nosotros mismos a Dios.”

La Primera Lectura del segundo domingo de Pascua, el domingo de la Misericordia, tomada de los Hechos de los Apóstoles (4,32-35)  también nos señala el camino de cómo debe ser esta transformación y testimonio “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos. Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.”

Y cada uno de nosotros  cristianos del siglo XXI en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, nos comprometemos a testimoniar nuestra fe en Cristo. En el Cristo  eternamente joven, en el Cristo que venció a la  muerte,  en el  Cristo resucitado para siempre, en el  Cristo que en el Espíritu nos comunica la vida de su Padre y en el  Cristo que desecharon los constructores y hoy es la piedra angular en la cual  fundamentamos y aseguramos  la esperanza de nuestro futuro. ¡Gloria, gloria, aleluya el Señor resucitó!

 

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