Jun 152017
 

Mensaje de  padre obispo Rubén Antonio González Medina, cmf, gran canciller y obispo de la Diócesis de Ponce en   los Actos de Graduación de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

 “Jesús los llamó y les dijo: Ustedes saben que aquellos a quienes se consideran gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. A imitación del Hijo del Hombre, que  no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud,”

En la vida hay muchas cosas de las que nos sentiremos orgullosos y, sin lugar a dudas, una de esas primeras experiencias con sabor a éxito es la que estamos celebrando, la  graduación. Para muchos de ustedes no ha sido fácil ni  sencillo, ahora bien,  con gran esfuerzo han logrado llegar a la meta y hoy pueden decir “me gradué, soy  un profesional.” Por eso, ¡Muchas felicidades!

Jóvenes, amigas y amigos todos, para los que seguimos las enseñanzas de Jesús de Nazaret,  no nos basta en la vida con ser  buenos profesionales. No nos basta simplemente con ser líderes en nuestras áreas profesionales, nosotros cristianos aspiramos a convertirnos en verdaderos servidores, en hombres y mujeres que con nuestros dones, capacidades y carismas colaboremos activamente en la transformación de nuestro mundo buscando el bien común.

Por eso, nuestra Universidad, en este encuentro de hoy, celebra no simplemente un acto de graduación, sino, en clave de nueva evangelización, un envío misionero. Ustedes que  han culminado una etapa educativa, que los han capacitado y preparado como profesionales en diversas áreas para servir a nuestro pueblo, son enviados para ser en medio del mundo, sal, luz y levadura. ¡No tengan miedo y salgan a construir el Reino!

Jóvenes profesionales que  inician hoy una nueva atapa en sus vidas, ustedes ya están  capacitados para asumir en medio de nuestro pueblo   diferentes proyectos y trabajos, insertados en las diversas corporaciones, industrias y comercios de nuestra sociedad.

No vendan su conciencia, ni se dejen corromper por ideologías basadas en un desmedido amor al dinero, sean servidores honestos, leales,  responsables, creativos, libres, y  audaces. Sean constructores del Reino de Dios, testigos de la trascendencia, servidores fieles.

Sean verdaderos  Pioneros en el servicio. Hombres y mujeres que marquen la historia conduciéndola por caminos nuevos, servidores  humildes y sencillos  conscientes de que su posición no la  deben usar para aplastar y destruir a los débiles, sino para defenderlos y ayudarlos.

Sean hombres y mujeres capaces de acompañar a los demás en su vida diaria. Utilicen la puerta del diálogo  para establecer puentes de comunión que rompan las  barreras  del conflicto y abran nuevos caminos de esperanza y de reconciliación.   Atrévanse a reinventar las cosas y no solo a cambiarlas. Reinventen en un mundo que agoniza de ideales, una manera nueva de vivir y realizar las cosas donde el  mandamiento de amor que nos enseñó Jesús de Nazaret permee su  actuar, los guíe y los motive.

¡Ánimo! No tengan miedo, no se desanimen, no importan las dificultades que puedan encontrar. No van solos, los acompaña la maternal protección de Santa María.  Por eso, salgan a construir el Reino de Dios, y caminen por la vida dejando huellas de justicia y de paz.

 

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